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La Virgen se aparece
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La Virgen Santísima está en el cielo en cuerpo y alma. Esta es verdad es parte del dogma de la Asunción. Desde el cielo nuestra madre intercede por nosotros y nos ayuda en nuestro peregrinar hacia el cielo.

En las apariciones, Dios permite que el cuerpo glorificado de la Virgen se haga visible para alguna/s persona/s. Aunque esta verdad trasciende nuestra capacidad racional, no es contraria a la razón. Para quien vive en gracia y experimenta una viva relación con Dios, la Virgen y los santos, las apariciones no presentan una dificultad porque saben que ellos, están siempre en con nosotros y se manifiestan.

María, por tener un cuerpo glorioso, puede tomar diferentes características físicas: su edad, estatura, apariencia, forma de hablar, vestuario. El cuerpo glorificado no tiene dificultad en estas adaptaciones sin dejar por ello de ser real. (Ver Cristo y Sus apariciones a los discípulos, Magdalena (Jn 20, 14-16) y los discípulos de Emaús (Lc 24, 16). La Virgen se acomoda a la cultura y el lenguaje de los videntes. Esta es una adaptación pedagógica de la Virgen que, como madre, busca a sus hijos. 

También la Virgen puede comunicarse milagrosamente a través de solo locuciones: la persona solo escucha a la virgen.   

La Virgen viene en ayuda de sus hijos.

La Iglesia reconoce la posibilidad de que Dios hable directamente a algunas almas y las instruya en el bien, ya particular, ya colectivamente. Las apariciones marianas no añaden nada a la doctrina cristiana.  El propósito de la Virgen es ayudarnos a vivir nuestra fe según la enseña la Iglesia.  Ella nos recuerda algún aspecto de la fe o vida cristiana un tanto olvidado o no explícitamente deducido.  Ella pone ante nuestra conciencia la verdad que hemos olvidado o que vivimos superficialmente. Ella nos ayuda a profundizar para que saquemos el mayor provecho espiritual.

El Papa Benedicto XVI nos dijo: "No podemos ciertamente impedir que Dios hable a nuestro tiempo a través de personas sencillas y valiéndose de signos extraordinarios que denuncian la insuficiencia de las culturas que nos dominan, contaminadas de racionalismo y de positivismo. Las apariciones que la Iglesia ha aprobado oficialmente ocupan un lugar preciso en el desarrollo de la vida de la Iglesia en el último siglo. Muestra, entre otras cosas, que la Revelación -aún siendo única, plena y por consiguiente, insuperable- no es algo muerto; es viva y vital." 

Es cierto que nadie está obligado a creer en una aparición privada, aunque esté aprobada por la Iglesia. Sin embargo sería temerario rechazarlas una vez que han sido aprobados. Habríamos de preguntarnos: ¿Creemos de verdad que la Virgen esta gloriosa en el cielo y PUEDE aparecerse si Dios la envía?; ¿Estamos verdaderamente abiertos con humildad a discernir o lo rechazamos apriori? 

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